jueves, 12 de septiembre de 2013

Arde el Monte Pindo

El sitio de mi recreo. Uno de mis amores en esta tierra. El otro, Nemiña, también está en llamas. 

  La única montaña que merece llamarse así en toda la comarca y algún malnacido ha decidido destruirla.

Sólo pido una cerilla, un bote de gasolina y que me lo pongan delante, sin rencor, solo con ánimo educativo. Quizás así aprenda que su acción, maldad pura, no sirve para nada más que para causar dolor.

No es el momento, pero me viene a la cabeza también cuánto costó traer la Vuelta hasta aquí, cuánto dinero se empleó porque según nuestros políticos era una promoción inigualable. Es algo que no discuto, pero si no tienes protegido aquello que quieres promocionar, ¿no será mejor proteger antes aquello que tiene valor, para después sacarle rendimiento?

Pude ver de cerca cómo se la juegan los aviones de extinción.

Cómo rodean el incendio, estudian el terreno...

Para, una y otra vez, lanzarse a tumba abierta en su lucha contra el fuego. Gracias.

Ayer Conchi, por la noche, cuando veíamos el resplandor de las llamas desde nuestra casa, escribió unas palabras que quiero compartir con vosotros:

Noche roja de fuego, de sangre, de muerte, de infierno.
Día negro de humo, de ceniza, de rabia.
Fuego sin control, dicen...
Sin control los sentimientos, el miedo, la ira, la desesperación, la incredulidad, la impotencia...
Arde O Pindo, arde nuestro patrimonio, el de nuestros hijos, nuestro monte mágico, nuestra tierra llena de vida.
Arde nuestro orgullo.
Ojalá ardan ELLOS.