sábado, 14 de septiembre de 2013

Sigue ardiendo el Monte Pindo

Ayer, al acabar los avisos de la tarde, como estaba en Xestosa me acerqué por la carretera que lleva hasta San Crimenzo, pasando cerca del embalse.

Vi que la zona que estaba ardiendo era la misma por donde ayer anduve buscando un punto de vista bueno para las fotos de los hidroaviones, así que me acerqué a ver si dejaban llegar hasta el embalse. Al llegar me quedó claro que no ponían ningún impedimento.

Al bajar del coche me pasó un helicóptero por encima e inmediatamente después de disparar la foto, me cayó una buena ducha de agua.

Entre el ruido de los hidroaviones, los helicópteros, las sirenas, los camiones cisterna pasando para un lado y para otro, mucha gente asistía como si de un circo se tratase. Ojalá que el padre, además de enseñarle cómo evoluciona el helicóptero, le sepa mostrar el daño que causa un malnacido al quemar el monte. 

El despliegue de medios alrededor de Fieiro era total. Helicópteros...

Aviones...

Camiones cisterna, guardia civil, policía local, y hasta una especie de furgoneta de control...

Cuando llegaba el helicóptero a cargar, todo el mundo a ese lado en el embalse.


Cuando llegaba el hidroavión, todo el mundo para el otro, yo incluido, lo que me dio un poco de reparo, ver que lo que tanto me duele también puede convertirse en un entretenimiento.

Conforme caía el sol, el hidroavión se marchó, quedando solamente el helicóptero. 

Ya al final del día, el helicóptero hizo una serie de descargas, pero en el otro lado del río Xallas, donde todavía no estaba ardiendo. Unos señores que tenía al lado empezaron a reírse de lo torpe que era el piloto, cuando el motivo real de realizar esas descargas era refrescar la zona para intentar que el fuego no atravesase el río. 

A partir de ahora, era cuestión de suerte que las llamas fuesen capaces o  no de saltar al otro lado.

Conforme cayó la noche, la predicción de vientos suaves del nordeste de Meteogalicia, hizo como de costumbre... falló y empezó a soplar cada vez con más fuerza.

Como allí había muchos espectadores pero también personas que entienden sobre incendios, me enteré de que a pesar de soplar desde el norte, las llamas avanzan contra el viento, pues éste les suministra el oxígeno que necesitan.

Las llamas cada vez eran más fuertes

Y lo que cuando llegué parecía improbable, que las llamas cruzasen el río, cada vez parecía más una certeza.

Conforme avanzó la noche, en esa zona, tan encañonada y soplando cada vez con más fuerza, el viento empezó a hacer remolinos, llegando el humo a la zona de arriba del embalse. Una vez las llamas alcanzaron el cauce del río, pese a que abrieron la presa para que aumentase el caudal, comenzaron a salir chispas hacia el otro lado del río, la suerte estaba echada.

La luna, en cuarto creciente, es testigo muda de como se muere el Monte Pindo.

Aunque me hubiera gustado quedarme, estaba de urgencias y debía marcharme a casa. Aunque antes, al pasar por la cascada, paré un momento a ver cómo estaba aquello. En este punto hicimos fotos los dos últimos fines de semana con amigos que se acercaron a la Costa da Morte para conocerla. Todos se marcharon asombrados con su belleza.

A partir de ahora, pienso seguir trayendo hasta aquí a los amigos que vienen a visitarnos. Y les contaré como alguien cargado de maldad se atrevió a intentar matar un lugar mágico. Cómo durante años veremos las heridas que le infringió, pero también tengo muy claro, aunque no sé si llegaré a verlo, que el Monte Pindo tendrá de nuevo sus bosques. Ya estaba aquí cuando llegamos y aquí seguirá cuando ya no estemos, muerto y revivo una, mil, las veces que haga falta.