sábado, 5 de junio de 2010

La Traída

Esta semana echó el cierre para siempre uno de las pocos bares que aún quedaban en Coruña con el auténtico diseño de un pura raza “taza ribeiro”, con su suelo de piedra, sus pipas donde tomar las tazas, su WC en un patio interior… ya que la Dirección Xeral de Patrimonio fue capaz de paralizar la construcción de un aparcamiento subterráneo en el Parrote que hace muchísima falta porque han aparecido restos de un baluarte del siglo XVIII, que ni ilustra ni sirve para conocer algo que no se sepa, no entiendo como permite que verdadera historia viva desaparezca sin más ;-)

Ya en serio, hace 74 años que llegaba a Coruña desde Beade, Antonio Vázquez, tras una estancia en Cuba, para servir Ribeiro en este bar al que nunca bautizó. Se le conocía por distintos nombres, pero el que pervivió fue el de “La Traída” porque enfrente tenía las oficinas donde cobraban el recibo del agua. Unos años más tarde sería mi abuelo quien imitase a Antonio, para abrir un bar en la calle Barrera “O Tarabelo”, pero eso, claro, es otra historia.

Quince años después Antonio falleció y fue su viuda, Delia quien se puso al frente de la tasca, con la ayuda de sus hijas Sisa y Mari Carmen. Recuerdo cuando Delia murió y sus hijas recogieron el testigo, logrando que La Traída se hiciera un nombre entre los bares con más solera de la ciudad.

Sus paredes nos confirman que se trata de un parque temático del coruñesismo, especialmente del Deportivo. Cuadros, porcelanas, posters, muñecos… todo hace relación a Coruña o al Depor. Ahora que echa el cierre, generosamente han permitido a propietarios de otras tascas conocidas llevar algunas de las piezas para seguir ambientando en locales similares.

Muchas personas conocidas tomaron unas tazas de Ribeiro en La Traída. Incluso fueron reconocidas con algún premio en la ciudad. Paco Vázquez y Lendoiro no iban a ser menos, aunque nunca entraron juntos, claro.

Con la taza de Ribeiro, podías pedir una ración de empanada de xoubas, chicharrones o queso de Arzúa, hummm, tan mantecoso que era una aventura intentar tomarlo con palillos.

Por cierto, si alguien se pregunta el motivo de esta entrada, el bisabuelo de Sisa y Mari Carmen era mi tatarabuelo, así que todo queda en familia.