domingo, 15 de marzo de 2015

3 6 5 SETENTA Y CUATRO

Este fin de semana teníamos que realizar un trabajo en Lugo y aprovechamos para acercarnos un día antes y subir al Cuiña. La ruta es muy corta así que a las cuatro y media ya estábamos en Piornedo tomándonos los huevos con chorizo de rigor. Como hasta las nueve de la noche no teníamos que estar en Lugo y el horizonte seguía despejado, decidimos quedarnos hasta la puesta de sol.

Cuando haces una foto en entornos incómodos no siempre se traduce el esfuerzo que costó realizarla cuando un espectador la ve. Hoy me apetece explicar un poco lo que supuso hacer esta foto, y eso que no es nada si se compara con los sacrificios que han realizado otros fotógrafos para, en ocasiones, ni siquiera obtener esa imagen que tenían en mente.

El caso es que en todo el día la temperatura no pasó de los dos grados y cuando empezó a caer el sol, se levantó un viento que cortaba el aire. Subimos de nuevo hasta el puerto de Ancares, no hacía ni frío ni calor, exactamente 0 grados,  nos volvimos a poner las botas y las polainas, metimos los frontales, los crampones, el piolet y el trípode en la mochila y tiramos de nuevo hacia arriba a buscar el mejor encuadre. Tuvimos suerte que en la primera de las localizaciones en las que había pensado ya se podía hacer la foto y no hizo falta subir mucho. 

Aunque llevaba guantes, el viento originaba una sensación térmica que dejaba los dedos como garfios. Supongo  que a Grey (el capullo ese de las sombras) le resultaría muy agradable leer esto, pero a mí el dolor en los dedos me jodía un mundo, y siempre me exaspera la dificultad que tiene hacer algo tan sencillo como cambiar de objetivo o montar el trípode mientras haces equilibrio, con cuidado de no despeñarte, con los dedos atravesados por clavos ardiendo y concentrándote en elegir bien el triángulo de exposición que quieres para la foto que imaginas.

Así que cuando veas una foto de montaña, me gustaría que fueses consciente del esfuerzo que supone conseguirla, y que si te gusta mucho tampoco pasaría nada por ponerte en contacto con el fotógrafo que la hizo, y le pagues una copia, que además te entregará optimizada para  el formato en el que la desees en vez de ser un listillo de esos que la descargan, le borran o recortan la firma y la aprovechan para ese folleto, libro o banner en el que queda tan chula. Sólo es cuestión de respeto.