domingo, 10 de octubre de 2010

Contador y el clembuterol

Ya me he pasado del plazo de “mínimo una vez a la semana” que me había impuesto para actualizar el blog. El trabajo y el bodyboard primero y un virus muy capullo después, tienen  la culpa. Tengo pendiente contar algo sobre lo que nos pareció Lisboa, pero aún no tengo la cabeza para ello, así que aprovecho para hablar sobre el caso del dopaje de Contador.
Si Contador se dopó o no es imposible saberlo, a no ser que él lo reconozca, esa es mi opinión. Pero con el circo que se montó alrededor de la noticia podemos saber unas cuantas cosas que facilitan llegar a esa conclusión:
Tenemos un laboratorio hiperpuntero y superavanzadodelahostia  que es capaz de detectar una cantidad extremadamente pequeña de muchas sustancias… y eso es caro, carísimo; así que la publicidad obtenida con este caso seguro que les viene muy bien. Lo que no nos cuentan es qué sensibilidad y especificidad tienen esas pruebas.
Tenemos a la UCI, una gran cueva de jetas, corruptos y vividores, como casi todas las organizaciones internacionales deportivas. Si son incapaces de evitar que se filtre a la opinión pública un resultado que debería ser secreto hasta finalizar el expediente… ¿realmente la cadena de custodia de las muestras que impida su manipulación hasta que son analizadas es fiable?
Tenemos médicos sin escrúpulos que se ganan la vida utilizando deportistas como conejillos de indias, utilizando productos que mejoren el rendimiento sin tener en cuenta sus efectos a largo plazo sobre la salud. Muchos de esos productos son legales hasta ser incluidos en la lista de sustancias consideradas dopantes, pero el producto y sus daños son los mismos antes que después de entrar en esa lista.
Tenemos corredores que anteponen su éxito deportivo a su salud, y también los que carecen del carácter necesario para oponerse a lo que su equipo les exige o la necesidad (no todos los ciclistas profesionales ganan un pastón) les obliga a aceptarlo.
Tenemos a la prensa, más preocupada de juzgar y condenar en muchos casos o de exculpar en otros, que de contar los hechos e informar con cierta objetividad, salvo muy contadas excepciones.
Tenemos a las asociaciones de carniceros y ganaderos acojonados, con razón, porque se les venga encima otra crisis del estilo de la histeria colectiva que apareció por culpa de las vacas locas. Dicen que es imposible que la carne fuera contaminada por clembuterol porque en España está prohibido, y que los controles de la administración lo evitan. Pero no dicen que aquello que está prohibido del clembuterol es uno de sus usos (como anabolizante) pero se puede comprar sin problemas con otras indicaciones terapéuticas, para su teórico uso en animales no destinados a consumo humano. E incluso hay  países donde el uso de clembuterol está permitido, al igual que está permitida incomprensiblemente la venta en España de carne con origen en esos países.
Tenemos a la administración, que varía su discurso según las responsabilidades del que habla, si es alguien del Ministerio de Educación y Deporte defenderá tímidamente a Contador, aunque siempre sin mojarse; si depende del Ministerio de Medio Ambiente, Medio Rural y Marino, tomará partido por los ganaderos, hablando del cojonudo (para ellos, claro) control de la carne en España.
Y al final es posible encontrarnos con un listillo que cuando se encuentran con un ternero con neumonía aguda faltando 15 ó 20 días para enviarlo al matadero, se va a la comercial y compra entre otras cosas clembuterol para tratarlo. Porque a pesar de estar obligado a presentar una receta expedida por un veterinario, en muchas comerciales se venden medicamentos sin la presentación de la receta.
Así que si eres de esos que escribieron en los foros condenando a Contador porque apareció una sustancia prohibida en un análisis, antes de juzgar piensa si tienes los datos para hacerlo.